domingo, 17 de abril de 2016

El sueño liberador


Suelen ser los más confusos, caóticos, absurdos e inquietantes. Son necesarios porque a través de ellos nos deshacemos de la basura mental y emocional acumulada. Sin los sueños liberadores, incluyendo las pesadillas, todos estaríamos crónicamente estresados o completamente psicóticos, de modo que compensan con creces el malestar que algunas vecen nos proporcionan.

Aquello que nuestra mente consciente aparta lo más rápido posible, nuestro subconsciente lo recoge y actúa al respecto, para asegurarnos que, aunque suceda nuestra versión de "lo peor", de algún modo nos las arreglamos para sobrevivir, por desbastador que pueda ser emocionalmente.

Uno de los propósitos de los sueños liberadores es dar a nuestra sabia y eterna mente subconsciente la oportunidad de demostrarnos que, al final, seguiremos existiendo.

Los sueños liberadores pueden ofrecernos una visión infinitamente expandida de nosotros mismos.

Nuestro subconsciente, donde vive la mente de nuestro espíritu, es infinitamente más sofisticada que nuestro consciente. La mente de nuestro espíritu tiene una paciencia eterna. Entiende nuestras limitaciones humanas, de modo que cuando hay un mensaje importante que quiere que nuestra mente consciente capte, sigue mandándolo una y otra vez, de formas diferentes y con símbolos diferentes, hasta que al final lo entendemos.

Los sueños liberadores rara vez son agradables, pero buscan sacar a la luz temas no resueltos, no expresados, frustracciones, ira, lamento, culpa, resentimiento, traición, verguenza,... Con práctica y paciencia se pueden reescribir los finales de esos sueños liberadores recurrentes que nos dejan ansiosos y desolados...

Antes de irte a la cama rodeate de la luz blanca del Espírtu Santo, imaginando la luz blanca, pura, brillante, resplandeciente, cálida y protectora del amor de Dios que te envuelve suavemente desde la cabeza hasta los pies como si fuera un sutil manto. Entonces ofrece una plegaria que, aunque pronunciada con tus propias palabras, diga lo siguiente:
Querido Dios, si esos sueños se han de repetir esta noche, permíteme transformarlos en una historía de fuerza, victoría y sentido de poder personal".
Luego añade algo más específico a tu sueño en concreto. Por ejemplo:
"Esta vez voy a mirar de frente a la figura oscura que aparece y voy a dejar que mi miedo se convierta en un sentimiento de compasión tolerante y amorosa al reconocer que la figura no es más que la personificación con el corazón roto de mi sentido de culpa y mi dolor no resueltos. Voy a mirar directamente a este porte triste y enfermo de mí, y voy a decir en sulencio: 'te quiero, te perdono, resuelvo esto y te libero en perfecto amor del eterno abrazo de Dios'"

Incluso con los inevitables dolores del crecimiento que hemos de soportar, la vida sin crecimiento no es vida.

Sylvia Browne.

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